País que no piensa en mañana

La mitad de los mexicanos no sabe de qué vivirá cuando llegue la vejez

MARÍA DE LAS HERAS – elpais.com 31/05/2010

Ser previsores no es exactamente una virtud que caracterice a los mexicanos. Quizá porque estamos acostumbrados a vivir en un ambiente privilegiado donde el clima y la tierra siempre son generosos. O quizá porque la mayoría apenas puede sobrellevar el día a día y en esas condiciones no sobre hablar de previsiones para el futuro, quizá también porque hasta ahora hemos sido una sociedad en la que hay muchos más jóvenes que personas adultas, el hecho es que los mexicanos nos parecemos muchos más a la cigarra que a la hormiga de la fábula.

Pero nuestra sociedad se está haciendo vieja. Hace veinte años, cuando empecé a hacer encuestas, en México la demanda por guarderías para los niños era lo que prevalecía, hoy cada vez son más las familias que buscan apoyo para cuidar a las personas mayores que están a su cargo. ¿Estamos preparados para enfrentar nuestra vejez?

Según la encuesta que entregamos hoy a EL PAIS cuatro de cada diez mexicanos de entre 18 y 50 años de edad simplemente nunca se han puesto a pensar en cómo será su vida cuando lleguen a viejos y otros cuatro dicen que lo han pensado, pero sólo alguna vez.

El 54% de las personas que entrevistamos no cuentan con ningún tipo de previsión económica para la vejez, ni fondo de ahorros, ni de pensiones, ni nada que se le parezca, de ellos más de la mitad dicen que ni siquiera se han puesto a pensar de qué van a vivir cuando sean viejos, el resto confía en que contará con el apoyo de algún familiar cercano o dicen que más adelante se preocuparán por ahorrar.

Sólo el 25% nos dijo que le angustiaba pensar en la muerte, tampoco parece angustiar a muchos la soledad o la tristeza que puedan sentir cuando lleguen a viejos, y aunque el 53% nunca se ha puesto a pensar a qué va a dedicar su tiempo cuando sea mayor, parece que el aburrimiento no es causa de preocupación tampoco. Lo que les genera más angustia de llegar a viejos es no poder valerse por sí mismos y los problemas de salud y sí, también nos dijeron que pensar de qué van a vivir cuando sean mayores les genera angustia, a lo mejor por eso prefieren no hacerlo.

Vivimos obsesionados con prolongar la vida. Comer mejor, no fumar, hacer ejercicio, vitaminarnos, consumir antioxidantes, hacerse chequeos frecuentes, todo a nuestro alrededor se ha vuelto una obsesión por vivir más, estar más sanos y vernos más jóvenes, el problema es que no parece que tengamos la misma dedicación a solucionar los problemas cotidianos de vivir muchos años, por el contrario, cada vez la edad para poder acceder a un empleo es menor, la jubilación llega antes, tenemos menos hijos y son más independientes, la convivencia en las ciudades es cada vez más difícil y más agresiva, y aquí estamos todos tratando de vivir más años ¿para qué o con qué? Ah, eso no lo sabemos bien a bien, pero hay que vivir más.

Quizá ha llegado el momento de pensar más en para qué queremos vivir más que en cómo conseguirlo. Podríamos empezar por aligerarles un poco la carga a los viejos de hoy, pasarles alguna pelota como dice Serrat, para que dejen de ser fantasmas con memoria. Todos llevamos un viejo encima y, nos guste o no, vamos a llegar huérfanos a ese trago, por eso más vale que empecemos a pensar cómo vamos a pasarlo.

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